Hay que girar la primera sonrisa;
Está lleno de endriagos
-en las paredes,
en las farolas,
en los bares,
y en el televisor,
incluso en algunos libros-
que matarían por ella.
Y puedes llorar
de risa,
de pena
o de ira,
pero no cambiará
que sólo la última
sea segura.
Cuando ya no importe nada más.
Jorge Merino.
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