Jurisprudencia de Una Boca
El día rompíó
en los brazos
de un tangram.
Los sueños,
prostituidos
por el baile
de una tarde.
Y tú,
cantando
tu aria;
No quiero
crear magia,
solo rescatarla
de la lluvia.
La ley tu boca,
y yo sangrando
palabras dementes.
Mi piel,
como el viento,
acariciando el reverso
de tu alma.
La tuya,
desierto de arcilla,
clamando anhelante
mis manos.
Y como juez
el tiempo
dictando sentencia;
Destierro.
Jorge Merino
Cadena perpetua no habría sonado tan cruel en palabras del tiempo... Voy a buscar un sombrero, para poder quitármelo ante este poema.
ResponderEliminarMe alegra que te guste, Magda. Un abrazo fuerte.
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