miércoles, 2 de mayo de 2012
Ni Siquiera Refugio
Enlazar errante locuras desveladas
en sinfonía de caricias es el premio
que reserva tu regazo desterrado.
Transpirar gotas salinas de tu piel,
bautizando con ellas la verdad oculta,
el fracaso del poeta de la sombra.
Así forjaré un yelmo como asilo
que serene el éxodo de un silencio
y la riña de gatos de tu voz.
Sosiego...
Ya tan sólo compartimos el deseo raído
de no mover un dedo ni para señalarnos,
ni siquiera, para dibujar el refugio de regreso.
Jorge Merino
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