Precede a tu voz un lánguido tiempo,
no concede armisticio ni recuerda olvido,
sólo otorga intemperie a tu sombra nocturna.
Oculta, entre el viento y los truenos de azul,
que despojan del cielo tu fondo de ojos,
se encuentra una puesta de sol, tu mirada.
¿Qué le afanaste al pasado?
Fue el rincón donde incide obstinada
la luz ignómina y febril, fue un corazón.
Y yo, que ahora pierdo invirtiendo en el mar,
que hace tiempo que no levanto los cielos
ni curvo horizontes con tu boca y su gesto,
tengo la certeza de que no existes.
Jorge Merino

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