lunes, 2 de abril de 2012
Detestable Arte de Soñar
Aliento, que secuestra un estertor
y lo arranca de mi pecho a sangre fría,
como si esta orilla fuera lluvia de ti
y yo una agónica raíz, mendigando,
entre la arena de un desierto.
Eres cada fragmento del reloj inexorable,
cada vez que tu saliva empapa mis labios,
cada maldito acorde de esa infame canción
y cada vez que te miro, y me desangro en tus ojos,
como si los viera de verdad. Eres.
Tu boca llena de flores
y tu pecho acogedor me reclaman:
¿dónde estuviste y por qué perdimos tanto tiempo?
Si quedamos en que una eternidad no bastaba,
si teníamos ya un plan para vencerla.
Y la negrura de la noche, con su inmensidad,
en la que cabe hasta tu recuerdo
me envuelve de súbito y al oído me susurra la tortura:
ella no está aquí, no...
¡Detestable arte de soñar!
Jorge C. Merino
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