Ahora seduzco ocasos alienados,
concibiendo silencios,
para clavarlos en mi caja de utopías,
y usarlos a placer, bajo gobierno irreflexivo.
La tarde es refugio de sombras,
el vino difumina los versos desterrados
de tu boca, ahora escupidos por la mía
sobre hoja calada imposible de incendiar.
Viene un viento frío del sur,
un hálito que crece confuso,
abraza y es alud de cobardías,
cubriendo y cristalizando la piel.
Ya no siento.
Sólo te busco para desangrarme,
calentando mis manos que te bautizan
con la suma de mis verdades y tus noches.
Pero tengo mi caja.
Jorge Merino

Ya te lo he dicho, pero así tienes comentarios en el blog, que hace ilusión...me encanta, incluso creo que tendrías que haber puesto aquí también el acompañamiento musical.
ResponderEliminarBesos
Gracia, Noemi. Tomo nota, es una idea genial!
ResponderEliminarInteresante tu poética, Jorge. He leído en Poesía solidaria un poema tuyo publicado por mi amigo Fernando Sabido y he venido a visitarte.
ResponderEliminarTienes voz propia y eso es importante.
Un abrazo
Ana
Muchas gracias, Ana. Me alegro de que te guste. Respecto a Fernando, no me ansaré nunca de decir la inmensa persona y poeta que es.
ResponderEliminarUn abrazo!